Además le
gusta ir por otras razones. Porque su abuela nunca le pone pasas de uva a la
comida.
Y para
él, que lo obliguen a comer pasas de uva es una violación al artículo 37 de los
Derechos del Niño que prohíbe los tratos inhumanos.
Porque su
abuela no le impide juntarse con los chicos de la ferretería para reventar
petardos, de modo que goza de libertad para celebrar reuniones pacíficas, como
estipula el artículo 15.
Porque su
abuela no le hace cortar el pasto del jardín, lo que sería una forma de
explotación, prohibida por el artículo 32.
Porque su
abuela jamás lo lleva de visita a la casa de su prima. Según Pirulo, que lo
lleven de prepo a la casa de su prima viola el artículo 11, que prohíbe la
retención ilícita de un niño fuera de su domicilio.
Porque su
abuela nunca limpia la pieza donde él duerme, así que no invade ilegalmente su
vida privada. Artículo 16.
Porque su
abuela jamás atenta contra su libertad de expresión oral o escrita –artículo
13–, de manera que puede decir todo lo que piensa sobre su maestra Silvina sin
que su abuela se enoje.
Para
hacerla corta: en casa de su abuela él es una persona respetada.
Pero lo
que más le gusta es el estanque de ranas del jardín.
Ahora
mismo, amparado por el artículo 31, se dispone a gozar de una actividad
recreativa apropiada para su edad: va a cazar ranas.
Prepara
la carnada de salchicha, agarra la linterna y la bolsa de arpillera. Es de
noche. En verano las ranas se cazan de noche. Su abuela duerme.
Con mucha
mala suerte, la primera rana que saca del estanque es Aurelia.
– ¡Un momento! –le dice Aurelia– ¿Qué estás
haciendo?
–Cazo
ranas.
–Lo
siento, pero los animales tenemos derecho a la existencia.
–¿Eso
quién lo dice?
–El
artículo 1 de la Declaración Universal de Derechos del Animal proclamada en
París en
1978.
– ¿Eso
vale en la Argentina?
–Sí,
vale.
–Pero yo
tengo derecho a las actividades recreativas apropiadas para mi edad y en este
instante mi actividad recreativa consiste en cazar ranas.
Aurelia
se impacienta.
–Y yo te
recuerdo que tenés que respetar nuestra longevidad natural. Así que te vas a
quedar sin comer ranas.
Pirulo
levanta la voz.
–¡Yo no
las como! ¡No me gustan! ¡Se las va a comer mi abuela!
–
¡Entonces peor! ¡Vos las cazás sólo para divertirte! ¿Con qué derecho? ¿Te
gustaría que te cazaran por diversión?
–¡No es
lo mismo! ¡Yo soy una persona!
– ¡Vos
sos un animal de otra especie, y punto!
En el
estanque se armó una batahola. Todas las ranas croaban y saltaban. Pirulo
reculó un poco, pero su indignación era grande.
– ¡No me
voy de acá sin ranas!
– ¡Antes
pasarás sobre mi cadáver!
En ese
momento se abrió la ventana del dormitorio de la abuela. Era ella, asomada, con
los pelos parados y una batería de chancletas en la mano.
– ¿SE VAN
A DEJAR DE ROMPER DE UNA BUENA VEZ? ¿SABEN QUÉ HORA ES? ¿CONOCEN EL ARTÍCULO 11
DE LOS PRINCIPIOS EN FAVOR DE LAS PERSONAS DE EDAD? ¿SABEN QUE TENGO DERECHO AL
BIENESTAR FÍSICO, MENTAL Y EMOCIONAL? ¿Y QUE PARA ESO NECESITO DORMIR? ¿LES
ENTRA EN LA CABEZA? ¡DORMIIIIIIIIR! ¡DORMIIIIIIIR!
Con la primera chancleta no acertó. Con las otras, sí.
Pirulo
estaba muy confundido. Aurelia también. Se miraron.
–Eso fue
una agresión por parte de la abuela.
–Injusta
me parece a mí.
–Pará,
¿dónde podemos aclarar todo esto?
–En las
Naciones Unidas.
–Vamos.
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